En la Argentina, donde la economía y la política conviven en una relación estrecha y muchas veces inestable, los mercados comienzan a recalibrar sus expectativas frente a un escenario que combina desgaste político, fragilidad social y desaceleración económica. En ese entramado, la figura del presidente Javier Milei aparece bajo una nueva lupa: ya no solo como impulsor de un programa de reformas profundas, sino como un factor clave en la sostenibilidad del modelo económico de cara al ciclo electoral de 2027.
El foco de la denominada “city” ya no se limita a los indicadores duros —como inflación, reservas o tipo de cambio— sino que incorpora con creciente peso el capital político del Gobierno. La preocupación no es abstracta: cuando la imagen presidencial cae en simultáneo con el deterioro del poder adquisitivo y el aumento del desempleo, los inversores tienden a activar mecanismos de cobertura que históricamente han derivado en salidas de capitales y mayor volatilidad cambiaria.
El factor Milei: imagen, gobernabilidad y expectativas
Las encuestas recientes muestran que Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más complejos en términos de aprobación. Este dato, que en otro contexto podría leerse como parte del desgaste natural de cualquier gestión, adquiere una dimensión distinta en un país donde la confianza política impacta directamente en las variables económicas.
A este escenario se suman denuncias de presunta corrupción que, más allá de su evolución judicial, tienen un efecto inmediato en la percepción del mercado. En economías emergentes, la incertidumbre institucional suele traducirse en decisiones financieras concretas: postergación de inversiones, cobertura en dólares o directamente retiro de posiciones en activos locales.
En ese contexto, la pregunta que empieza a circular en despachos financieros y consultoras es directa: ¿puede sostenerse el programa económico sin respaldo político sólido? La respuesta, por ahora, permanece abierta.

Caputo y el desafío de sostener la confianza
En el centro de esta dinámica se ubica el ministro de Economía, Luis Caputo, cuya experiencia en mercados financieros lo posiciona como un actor clave para administrar expectativas. Su desafío no es menor: debe sostener la credibilidad del programa económico en un contexto donde las señales políticas generan ruido.
Caputo enfrenta una doble tensión. Por un lado, necesita consolidar logros macroeconómicos como la estabilidad cambiaria y la moderación de la inflación. Por otro, debe lidiar con factores externos al programa económico, como la caída en la popularidad del Gobierno o los conflictos políticos, que pueden erosionar la confianza inversora.
En términos de mercado, la confianza no es un intangible: se traduce en decisiones concretas sobre bonos soberanos, tipo de cambio y riesgo país.
Alertas internacionales: el diagnóstico de Oxford Economics
El análisis de Oxford Economics introduce un elemento adicional al debate. Según la consultora, la combinación de caída en la aprobación presidencial y tensiones económicas podría derivar en episodios de salida de capitales, especialmente en la antesala de procesos electorales.
El informe recuerda dinámicas ya observadas en la Argentina, donde los períodos preelectorales suelen estar marcados por una mayor dolarización de carteras y presión sobre el tipo de cambio. En este sentido, el riesgo no es únicamente económico, sino también expectacional: cuando los inversores perciben que un modelo puede perder respaldo político, ajustan sus estrategias incluso antes de que los cambios ocurran.
En cuanto a la actividad, la entidad proyecta un crecimiento del PBI del 2,4% para 2026, por debajo de estimaciones más optimistas, lo que refuerza la idea de una economía en desaceleración.
Luces y sombras: los motores que aún sostienen el modelo
A pesar de las señales de alerta, el escenario no es homogéneo. Existen sectores que continúan mostrando dinamismo y que funcionan como pilares del actual esquema económico.
El sector energético, por ejemplo, se mantiene como uno de los principales motores de crecimiento, impulsado por inversiones y exportaciones. A esto se suma el desempeño del complejo agroexportador, que gracias a una buena cosecha y a la reducción de impuestos a las exportaciones promete un ingreso relevante de divisas.
Este flujo de dólares resulta clave para sostener la estabilidad cambiaria, uno de los principales objetivos del Gobierno. Sin embargo, su efecto positivo convive con limitaciones estructurales.
Entre ellas, se destacan las reservas internacionales negativas, que continúan siendo un punto crítico a pesar de las compras del Banco Central. Esta debilidad limita el margen de maniobra ante eventuales shocks externos o movimientos bruscos del mercado.
Inflación, subsidios y tensiones fiscales
Otro de los ejes centrales del análisis es la evolución de la inflación, que, si bien muestra una tendencia descendente respecto de picos anteriores, se mantiene en niveles elevados. Las proyecciones la ubican en torno al 30% anual para 2026 y por encima del 20% en 2027, cifras que siguen siendo altas en términos internacionales.
En paralelo, el Gobierno ha optado por moderar algunos ajustes, como el recorte de subsidios energéticos, en respuesta al aumento de los precios internacionales del petróleo. Esta decisión busca evitar un mayor impacto en el bolsillo de los hogares, pero introduce tensiones en el frente fiscal.
Aquí aparece una de las principales disyuntivas del programa económico: cómo equilibrar el ajuste fiscal con la sostenibilidad social y política.

El horizonte 2027: elecciones, mercado y riesgo de corrida
Aunque el calendario electoral aún parece lejano, los mercados suelen anticiparse. En este caso, el foco está puesto en la posibilidad de una corrida preelectoral, un fenómeno recurrente en la historia económica argentina.
La lógica es conocida: ante la incertidumbre sobre la continuidad de un modelo, los inversores buscan resguardarse, lo que puede derivar en presión sobre el dólar, caída de reservas y aumento del riesgo país.
Sin embargo, este escenario no es inevitable. Su concreción dependerá de múltiples factores, entre ellos la capacidad del Gobierno para recuperar apoyo político, mejorar indicadores sociales y sostener la estabilidad macroeconómica.
Una ecuación abierta
La Argentina transita un momento donde las variables económicas ya no pueden analizarse de manera aislada. La política, la confianza y las expectativas se entrelazan en una ecuación compleja, donde cada movimiento tiene impacto en el conjunto.
El desafío para el Gobierno de Javier Milei será demostrar que su programa no solo es viable en términos técnicos, sino también sostenible en términos políticos. Para el mercado, esa será la señal decisiva.
Régimen fiscal diferencial para Misiones: “las economías regionales atraviesan una crisis tremenda” https://t.co/TvJH4Axc7p pic.twitter.com/9rXEiyDUGj
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