La inflación de abril registró una desaceleración luego de diez meses consecutivos y abrió una nueva etapa para el programa económico del Gobierno nacional. El dato, celebrado por la administración de Javier Milei, reflejó una moderación en el costo de vida tras el fuerte impacto que habían provocado en marzo la suba de la carne, los combustibles y la incertidumbre internacional derivada del conflicto en Medio Oriente. Aunque el Ejecutivo esperaba una inflación cercana a cero, los especialistas consideran que el índice continuará todavía en niveles moderados durante los próximos meses.
De acuerdo con un informe elaborado por la Fundación Libertad, el comportamiento de los precios regulados fue uno de los factores determinantes del último IPC. Estos aumentaron 4,7%, impulsados principalmente por los combustibles, mientras que la denominada inflación núcleo se ubicó en 2,3%, marcando una diferencia significativa entre ambos componentes.
El estudio sostiene que actualmente existe una brecha cada vez más marcada entre bienes y servicios. Mientras los bienes acumulan una suba interanual del 27,4%, los servicios avanzan a un ritmo mucho mayor, con un incremento del 43,1%. Según los economistas, esta diferencia responde al reordenamiento de precios relativos que comenzó tras el cambio de gestión nacional.
En ese sentido, el informe compara la situación actual con la registrada en 2023, durante la gestión del Frente de Todos, cuando las distorsiones eran más profundas. Por ejemplo, el rubro de indumentaria y calzado se encontraba cerca de un 35% por encima de los valores considerados de equilibrio, mientras que servicios como vivienda, agua, electricidad y gas estaban alrededor de un 40% por debajo.
Para los analistas, el sinceramiento de esos precios resulta clave para consolidar un proceso de desinflación sostenible y evitar nuevos saltos inflacionarios en el futuro. La normalización gradual permitiría reducir la necesidad de ajustes bruscos que vuelvan a presionar sobre el índice de precios.
El economista Joaquín Aránguiz, autor del trabajo, remarcó además que los programas de estabilización exitosos a nivel internacional demandan largos períodos de tiempo. Casos como los de Chile, Israel, Perú, Polonia y Uruguay muestran que reducir la inflación de forma consistente puede llevar entre 8 y 10 años.
El informe destaca que el actual programa económico argentino transita apenas su mes 28, muy lejos del promedio de 124 meses que necesitaron otros países para consolidar procesos de desinflación duraderos. Uruguay tardó 103 meses, Perú 89, Polonia 116 e Israel 151.
Además, el análisis advierte que estos procesos rara vez son lineales. En la mayoría de las experiencias internacionales se registraron interrupciones temporales, repuntes inflacionarios y períodos de volatilidad antes de lograr estabilidad definitiva.
De cara a los próximos meses, el mercado sigue de cerca la evolución del precio internacional del petróleo y su impacto sobre los combustibles. El barril superó los US$100 tras la escalada bélica en Medio Oriente, generando presión sobre los costos internos. Aunque YPF extendió el congelamiento parcial de precios por 45 días, ya aplicó una suba del 1%, mientras que especialistas estiman que el traslado pendiente podría superar el 15%.
No obstante, los economistas consideran que este factor podría moderarse si el conflicto internacional pierde intensidad y el petróleo vuelve a bajar. En ese escenario, el frente inflacionario encontraría condiciones más favorables, acompañado por un tipo de cambio relativamente estable y una menor presión sobre los precios regulados.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta que la inflación perforaría recién el piso del 2% mensual a partir de agosto. Sin embargo, los analistas advierten sobre el riesgo de que ese nivel quede incorporado en las expectativas de empresas y consumidores, generando una inercia difícil de quebrar en el corto plazo.
Pese a ello, las perspectivas oficiales continúan apuntando a una desaceleración gradual y sostenida, aunque todavía lejos de una inflación cero en el horizonte inmediato.



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