Las explosiones sacudieron Teherán antes del amanecer. Columnas de humo comenzaron a elevarse sobre distintos sectores de la capital iraní mientras Estados Unidos e Israel ejecutaban un ataque coordinado de gran envergadura contra el régimen de Irán. La respuesta no tardó. Horas después, misiles y drones iraníes cruzaban el cielo en dirección a Israel y a bases norteamericanas desplegadas en la región.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue contundente. En un mensaje en video publicado en Truth Social, afirmó que el objetivo es “arrasar por completo” la industria de misiles de la República Islámica. Fue más allá: habló de destruir la armada iraní y sostuvo que la operación apunta a desmantelar el régimen instaurado tras la revolución de 1979. “La hora de su libertad está cerca”, lanzó, dirigiéndose directamente al pueblo iraní y pidiéndole que permanezca bajo resguardo.

En paralelo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, defendió la ofensiva como una acción para “eliminar la amenaza existencial” que, según su gobierno, representa Irán. “Hace instantes lanzamos una operación conjunta para enfrentar al régimen terrorista iraní”, sostuvo en un mensaje difundido oficialmente.
La operación incluyó ataques en zonas cercanas a instalaciones clave en Teherán. De acuerdo con reportes internacionales, uno de los puntos alcanzados se ubicaría en las inmediaciones del complejo vinculado al líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei. El dirigente no se encontraba allí y fue trasladado a un sitio seguro, mientras las autoridades iraníes bloqueaban accesos y reforzaban la seguridad en la capital.
La contraofensiva iraní fue inmediata. La Guardia Revolucionaria anunció la primera oleada de ataques con misiles y drones contra “los territorios ocupados”, en referencia a Israel. Poco después, el Ejército israelí confirmó la detección de proyectiles y activó el estado de emergencia en todo el país. Se suspendieron actividades educativas, reuniones y trabajos no esenciales. El espacio aéreo quedó cerrado. Las sirenas volvieron a sonar.

Pero la respuesta no se limitó a Israel. Teherán amplió el frente y lanzó misiles contra bases estadounidenses en el Golfo, incluyendo instalaciones en Bahréin, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. Entre ellas, la base de Al Udeid, una de las más grandes que EEUU mantiene en la región. “Cualquier base que ayude a Israel será nuestro objetivo”, advirtió un portavoz militar iraní.
La escalada encendió alarmas diplomáticas. Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pidió “máxima moderación” y remarcó que la seguridad nuclear es crucial. En una declaración conjunta con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, instó a todas las partes a proteger a la población civil y respetar el derecho internacional.



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