La vida de Mauro Hernando cambió radicalmente en 2005, cuando un accidente de tránsito lo dejó con la amputación parcial de su pierna izquierda. Por aquel entonces, tenía aproximadamente 30 años y llevaba una vida activa: había sido soldado voluntario y disfrutaba de manejar motocicletas y autos. Con el tiempo, surgieron complicaciones neurológicas que derivaron en problemas en la vejiga y, finalmente, en la pérdida total de movilidad desde el cuello hacia abajo.
Hoy, Mauro enfrenta un nuevo golpe: su pensión por discapacidad fue suspendida de un día para el otro, poniendo en riesgo la cobertura de sus medicamentos, cuidados diarios y tratamientos indispensables para su calidad de vida.
“Después del accidente, él podía moverse bien con su prótesis. Incluso manejaba solo y salía a pasear en moto. Pero con los años empezaron los temblores y otros signos neurológicos. Ahí comenzó una nueva etapa de lucha”, relató Manuela, su hermana, en el programa Argentina Divina Comedia por Radio Up.

Mauro vive con su madre de 76 años, y depende del apoyo constante de familiares y cuidadores. Manuela es su hermana y reside a 400 kilómetros de distancia, se encarga en el marco de sus posibilidades de acompañarlo en los traslados médicos, la gestión de turnos y los trámites administrativos: “Siempre estuve yo la que lo acompañaba a sacar los turnos, ir a los hospitales y correr de un lado a otro. Todo el cuidado es a pulmón”, explicó.
El seguimiento médico incluyó derivaciones al Hospital Madariaga y posteriormente al Hospital de Clínicas en Buenos Aires, donde Mauro fue sometido a múltiples estudios y tratamientos. En Misiones, los hospitales públicos lograron estabilizar parte de su salud, aunque las secuelas permanecieron. Entre 2020 y 2021, Mauro tuvo que ser intervenido quirúrgicamente por complicaciones en la médula espinal, quedando postrado y necesitando asistencia permanente.

El beneficio de Mauro cubría parcialmente los servicios de enfermeros, así como sus medicamentos y elementos médicos, incluyendo sondas, crema para heridas y fármacos neurológicos y psiquiátricos.
“La pensión le permite pagar al menos un turno de atención en la tarde. Yo cubro la mañana porque no nos alcanza la plata para contratar ayuda todo el día”, agregó Manuela. La medicación es esencial para su bienestar: controla la ansiedad, los problemas de sueño, la vejiga hiperactiva y previene complicaciones derivadas de estar postrado.

Suspensión de la pensión y burocracia
La situación se complicó cuando la familia fue notificada, de manera tardía y poco clara, de la suspensión de la pensión por supuestas irregularidades en la auditoría: “nunca nos llegó la carta a casa. Cuando fuimos al correo, vimos que ya habían iniciado la baja del beneficio. Fue un golpe muy duro porque él depende de esto para sobrevivir y mantener su tratamiento”, explicó Manuela.
Intentaron realizar los reclamos por vía online, pero la falta de respuesta y la imposibilidad de trasladar a Mauro para una evaluación presencial dificultaron el proceso. Según Manuela, incluso los canales de comunicación ofrecidos por la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) resultaron ineficaces: “Me cansé de intentar pasar los datos y nunca contestaron. La última respuesta fue que teníamos que ir a un turno presencial, algo imposible con su condición física”.

Ante la situación, la familia está evaluando presentar un amparo judicial para garantizar que Mauro reciba los beneficios que le corresponden: “Estamos reuniendo toda la documentación y pruebas para presentar un amparo legal. Queremos demostrar la realidad de Mauro y garantizar que reciba lo que le corresponde por derecho, porque su discapacidad es permanente”, señaló Manuela.
Asimismo, la familia recibe apoyo de vecinos, colegas y conocidos del barrio que conocen a Mauro, aunque Manuela enfatiza que el objetivo principal es asegurar la cobertura social permanente, no solo la ayuda ocasional.



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