La suba constante de precios empieza a sentirse con fuerza en los mostradores de Misiones. En los últimos días, comerciantes y consumidores coincidieron en que la carne vacuna volvió a registrar al menos dos incrementos, encareciendo cortes que ya estaban en niveles difíciles de sostener para la mayoría de los hogares.
A pesar de que informes nacionales señalan que el consumo interno de carne vacuna habría alcanzado un promedio de 49,1 kilos por persona al año, con una mejora del 4,4% interanual, la realidad en la provincia muestra otra escena. En Posadas, dueños de carnicerías aseguran que el movimiento cayó y que las ventas se achicaron de manera marcada.

“El consumo sigue bajando, la gente compra menos”, expresó Amalia Benítez, comerciante del rubro en la capital provincial. Según describe, el aumento de costos en origen termina trasladándose directamente al público, que responde ajustando por cantidad o buscando alternativas más accesibles.
En las últimas semanas, las familias misioneras comenzaron a inclinarse con más frecuencia hacia otros tipos de carnes. El cerdo, con valores promedio cercanos a $7.000 el kilo, y el búfalo, que ronda los $10.000, se posicionan como sustitutos más económicos frente a cortes vacunos que ya superan los $14.000.

La inflación en alimentos, impulsada también por subas en la hacienda, golpea con fuerza los presupuestos y obliga a modificar hábitos históricos. Incluso de cara a diciembre, un mes tradicionalmente fuerte para el consumo, los comerciantes anticipan un movimiento moderado: habrá compras, pero el asado de fin de año llegará más austero y con un ticket final más ajustado.
Con precios en alza y bolsillos cada vez más exigidos, la mesa misionera empieza a cambiar su composición. La carne vacuna cede espacio, mientras el consumidor busca alternativas para sostener una tradición que, al menos este año, se encuentra condicionada por el impacto económico.



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