Las alianzas políticas, los acuerdos de gobernabilidad y la propuesta de un armado con vistas a un proyecto parecen especies en extinción.
Llámelo oportunismo político, conveniencia o como mejor le resulte, pero los frentes de esta elección muestran a las claras que lo único que importa es no quedar afuera de los lugares expectables, más que el compromiso con una construcción duradera.
El cierre de listas volvió a ser un espejo de ese cortoplacismo: candidaturas testimoniales, internas feroces por ser “los representantes de”, e históricos que se reciclan en busca de rascar algún voto nostálgico. Una especie de política fast food: listas al paso, ideas vencidas, donde lo importante no es la calidad del menú, sino que alcance para la foto del día.
En Misiones, donde se reparten apenas tres bancas, el debate parece reducido a los extremos, mientras que la amplia vereda del medio solo observa cómo pasa la procesión. El oficialismo provincial se enfrentará al oficialismo nacional como si fueran polos opuestos: en realidad, apenas se rozan, se nombran al pasar, se necesitan para seguir jugando el juego. Del lado libertario, el regreso de Diego Hartfield como cabeza de lista nuevamente es todo un signo: ¿falta de cuadros propios o simple repetición de lo que funcionó en junio? El tiempo dirá si el electorado compra la fotocopia o si el experimento de una candidatura testimonial es una mala jugada.
En ese esquema, el PRO misionero se abrazó a La Libertad Avanza con la obediencia debida a la dirigencia porteña, diluyéndose en la estructura oficialista nacional. No fue un acuerdo, fue una absorción, en búsqueda de supervivencia y arriesgándose, a que la historia se repita y el pos elecciones intermedias, sean uno de los escenarios mas difíciles para el gobierno tal cual le sucedió al Macrismo pos 2017.
El peronismo, por su parte, sigue con su máster en autoboicot. El intento de un frente amplio del campo popular naufragó en las viejas rencillas entre Cacho Bárbaro y Cristina Brítez, dejando al PAyS y a Fuerza Patria por caminos separados. El primero repite candidato, como los libertarios -que parecen odiarse a muerte pero utilizan las mismas formulas-; el segundo se limita a encabezar la boleta con la representante de siempre, la de homónimo nombre va en defensa de la jefa condenada. El “proyecto colectivo” quedó, una vez más, en un mero anhelo.
Y como si faltara un condimento, ahí está Ramón Amarilla, la gran sorpresa de junio, que coqueteó con medio mundo hasta que recaló en el Partido Fe. Su candidato, Germán Palavecino, se presenta como la apuesta para quebrar el bifrentismo y arrebatar, aunque sea, una banca.
La famosa “vereda del medio” también se llena de actores que buscan protagonismo. La UCR desempolvó la histórica Lista 3 con Gustavo González como estandarte, mezclado con un puñado de jóvenes que todavía no se animan a despeinarse. Ninfa Alvarenga intenta pescar en la pecera libertaria, y hasta un expresidente como Ramón Puerta decidió colarse en la boleta: no por convicción, sino para no perder el sello partidario, que para algunos vale más que los votos.
En definitiva, Misiones se prepara para una elección donde lo único en juego parece ser quién sobrevive a la foto de octubre. Los oficialismos simulan rivalizar, la oposición busca no caer en el olvido y los “outsiders” venden humo de renovación. El cortoplacismo no es una mala costumbre: es la única estrategia disponible a estas alturas.
Al final, en la selva misionera escacean los proyectos de largo plazo asi como construcciones políticas sólidas. Solo hay candidatos reciclados, improvisados de ocasión y egos sueltos buscando banca. La política dejó de ser un espacio de ideas para convertirse en un reality show: cada uno hace lo que sea con tal de no ser el primer eliminado.
Por Dr. Bryan Villalba
Leer más: El acertijo de Einstein y la política poselectoral de Milei
La hora de resolver, no de diagnosticar
https://t.co/ZfAjLRVTCx pic.twitter.com/Bjfrk9niVt— Radio Up 95.5 (@radioup955) August 17, 2025



//



