El noveno yaguareté registrado en uno de los corredores de conservación del Gran Chaco formoseño ya tiene nombre: Chalak, que significa “coraje” en lengua qom. La elección fue el resultado de una votación abierta que reunió a más de 1.700 personas, de las cuales más de 1.000 optaron por esta propuesta.
El ejemplar, identificado inicialmente como M9 desde su primer registro en cámaras trampa, se convirtió en símbolo de compromiso comunitario y de las acciones conjuntas para la conservación de esta especie en peligro crítico de extinción.

La campaña participativa para elegir el nombre de M9 ofreció cuatro opciones con fuerte valor simbólico, vinculadas a las lenguas y paisajes de la región chaqueña:
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Kates (estrella, en wichí)
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Ñeegawa (amigo, en pilagá)
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Chalak (coraje, en qom)
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Bañado (alusivo al humedal, en español)
Más de mil votos fueron para Chalak, un nombre que, según los organizadores, “refleja la fuerza con la que el yaguareté sigue habitando nuestros montes y la valentía de quienes luchan por su conservación”. Entre los participantes se sorteó un “kit tigrero” con materiales educativos sobre el yaguareté y su hábitat.
Monitoreo y conservación en el Chaco
En la región chaqueña, hasta el momento, las cámaras trampa han registrado 11 machos de yaguareté, de los cuales seis corresponden a Formosa. El monitoreo de Chalak fue posible gracias al trabajo conjunto del Proyecto Yaguareté (CeIBA – CONICET), la Subsecretaría de Recursos Naturales, Ordenamiento y Calidad Ambiental del Ministerio de la Producción y Ambiente, con el apoyo de la Fundación Vida Silvestre Argentina y del Grupo de Colaboradores para la Conservación del Yaguareté.
Se trata de un esfuerzo colectivo e interinstitucional que integra guardaparques, técnicos, investigadores, comunidades locales y voluntarios, promoviendo el respeto, la empatía y la coexistencia con la fauna silvestre.
El yaguareté en Argentina: un tesoro en riesgo
El yaguareté (Panthera onca) es el felino más grande de América y un depredador clave para el equilibrio de los ecosistemas. En Argentina está en peligro crítico de extinción, con menos de 250 ejemplares en libertad y menos de 20 en el Gran Chaco.
Protegido como Monumento Natural Nacional y Provincial, su cacería está prohibida. Conservarlo no solo asegura la supervivencia de una especie emblemática, sino que también preserva el buen funcionamiento de los ambientes naturales que compartimos.



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