La recesión económica en Argentina continúa agravándose y golpea de lleno al entramado productivo: según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), durante enero se registró la baja de 1.572 empleadores, lo que equivale a un promedio de 70 empresas que dejaron de operar por cada día hábil. Este indicador confirma una tendencia negativa que se mantiene desde hace varios meses y que refleja la fragilidad del tejido empresarial.
En una mirada más amplia, el número total de firmas activas descendió de 500.141 en diciembre de 2024 a 488.177 en enero de 2026, lo que representa la desaparición de más de 11.000 empresas en un año y supera las 24.000 en poco más de dos años, evidenciando la magnitud del retroceso.
El impacto también se traslada al mercado laboral. En el mismo período, el empleo registrado cayó de 9,85 millones a 9,56 millones de trabajadores, lo que implica una reducción cercana al 3% y la pérdida de más de 290.000 puestos formales. La menor generación de nuevas empresas agrava el escenario y limita la posibilidad de recuperación.
Las pequeñas y medianas empresas aparecen como el segmento más vulnerable, especialmente aquellas con menos de tres años de actividad, que enfrentan altos costos operativos, dificultades para sostenerse frente a la carga impositiva y obstáculos para acceder al crédito en un contexto de consumo deprimido.
En paralelo, crece la informalidad laboral, con más personas recurriendo a trabajos precarios, changas o esquemas de autoempleo. Este fenómeno refleja una economía con menor dinamismo, donde la generación de empleo de calidad se vuelve cada vez más limitada.



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