En el marco del Ángelus de este domingo 1 de marzo, segundo domingo de Cuaresma, el Papa reflexionó sobre el episodio de la Transfiguración narrado en el Evangelio de San Mateo (17,1-9), subrayando que Cristo “transfigura las heridas de la historia e ilumina el corazón del hombre”.
Desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro y quienes siguieron la transmisión a través de los medios de comunicación, el Pontífice destacó que la luz de la Transfiguración es un anticipo de la Pascua: un acontecimiento que une muerte y resurrección, tinieblas y esperanza.
Según explicó, sobre los cuerpos “flagelados por la violencia”, “crucificados por el dolor” y “abandonados en la miseria”, Cristo hace resplandecer la gloria de Dios. “Mientras que el mal reduce nuestra carne a mercancía de intercambio o a masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece de la gloria de Dios”, afirmó.
La revelación del rostro de Dios
El Santo Padre puso el foco en el momento en que el Espíritu Santo envuelve a Jesús en una “nube luminosa”, con el rostro “resplandeciente como el sol” y sus vestiduras “blancas como la luz”. Para el Papa, en esa escena los discípulos Pedro, Santiago y Juan contemplan el “esplendor humano de Dios”, una gloria que no se exhibe como espectáculo, sino que se ofrece como una confidencia íntima.
En ese gesto, sostuvo, Jesús revela el verdadero rostro del Padre y ofrece una respuesta concreta a las grandes inquietudes contemporáneas: a la desesperación del ateísmo, el don del Hijo; a la soledad agnóstica, la promesa de comunión eterna; y a la fe débil, el anuncio de la resurrección futura.
“¿Nos sentimos fascinados por ello? ¿El verdadero rostro de Dios encuentra en nosotros una mirada de asombro y amor?”, planteó el Pontífice, invitando a una reflexión personal en este tiempo cuaresmal.
Silencio y conversión en Cuaresma
El Papa remarcó que los discípulos necesitaron tiempo para comprender plenamente lo que habían visto en el monte Tabor. Del mismo modo, indicó que hoy se requiere silencio para escuchar la Palabra y conversión para experimentar la cercanía del Señor.
En el camino hacia la Pascua, exhortó a vivir la Cuaresma como un tiempo de transformación interior, donde la luz de Cristo ilumine las zonas de dolor y oscuridad de la vida personal y social.
Finalmente, encomendó a los fieles a la intercesión de la Virgen María, a quien definió como “Maestra de oración y Estrella de la mañana”, para que acompañe y sostenga el caminar en la fe.



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