El consumo masivo volvió a mostrar señales de deterioro en Argentina durante marzo de 2026. Según informó el INDEC, las ventas en supermercados registraron una caída interanual del 5,1% a precios constantes, mientras que los centros comerciales sufrieron un derrumbe del 13,3%, el peor desde abril de 2024. El retroceso se dio en medio de una nueva aceleración inflacionaria, que impactó de lleno sobre los ingresos y la capacidad de compra de los hogares.
El informe oficial también reveló que los autoservicios mayoristas profundizaron su crisis, con una baja interanual del 7,2% en marzo. De esta manera, el primer trimestre del año cerró con números negativos en todos los canales de consumo: los supermercados acumularon una caída del 3,1%, los mayoristas del 2,6% y los shoppings del 5,7%.
Aunque en los centros comerciales hubo una leve mejora mensual desestacionalizada del 1,2%, el balance general siguió siendo negativo. En paralelo, los mayoristas marcaron su peor desempeño desde septiembre de 2025, con una retracción mensual del 1,2%, consolidando el freno en el consumo interno.
El escenario estuvo fuertemente condicionado por el rebrote inflacionario. Marzo cerró con una inflación del 3,4%, interrumpiendo la desaceleración observada en meses anteriores y generando una nueva pérdida del poder adquisitivo tanto en salarios como en jubilaciones.
Si bien las ventas medidas en valores corrientes mostraron aumentos nominales, esos incrementos quedaron por debajo de la suba de precios. En supermercados, la facturación creció 20,5% interanual, mientras que en los autoservicios mayoristas avanzó 16,7%. En los shoppings, el aumento fue de apenas 3,6%, evidenciando el deterioro del consumo real.
Uno de los sectores con mayor incidencia en la facturación fue el de carnes, impulsado principalmente por los aumentos de precios. En supermercados, las ventas nominales del rubro crecieron 41,9% interanual y representaron el 15% del total comercializado. En los mayoristas, el incremento llegó al 50,5%, aunque con menor participación sobre el total de ventas.
En este contexto, también se incrementó el uso de tarjetas de crédito, débito y billeteras virtuales para cubrir gastos cotidianos. La tendencia refleja un mayor nivel de endeudamiento de las familias y la necesidad de financiar consumos básicos frente al deterioro de los ingresos reales.



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