El deterioro de la situación financiera de las familias argentinas encendió alarmas en bancos, fintechs y organismos oficiales. Según distintos informes privados, la morosidad en tarjetas de crédito y préstamos personales alcanzó niveles históricos, comparables con los registrados durante la crisis de 2001-2002.
Los sectores más afectados son los jóvenes y los jubilados, quienes presentan mayores dificultades para afrontar pagos mensuales en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el aumento del costo de vida.
De acuerdo con estimaciones de la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito llegó al 11% en los primeros meses de 2026, el nivel más alto en más de dos décadas. En el sector no bancario —fintechs, billeteras virtuales y financieras de consumo— la mora ronda el 25% y en algunos casos supera el 30%.
La situación genera preocupación tanto en entidades financieras públicas y privadas como en empresas de servicios digitales, debido al crecimiento de clientes que no logran cumplir con sus obligaciones.

El problema se profundiza porque los deudores acumulan intereses punitorios y reportes negativos en centrales de riesgo, lo que puede derivar en restricciones para acceder a nuevos créditos e incluso en acciones judiciales o embargos.
La consultora Qaly elaboró un informe basado en datos del Banco Central en el que sostiene que el principal factor detrás del aumento de la mora actual es el sobreendeudamiento acumulado meses atrás.
Según explicó la directora de Qaly, Anastasia Decish, el fenómeno responde a un proceso que comenzó con la pérdida del ingreso real y el uso del crédito para cubrir gastos cotidianos.
“El deterioro del salario empujó a muchas familias a utilizar el crédito como reemplazo parcial del ingreso”, indicó.
El informe señala que, a comienzos de 2026, el salario real registrado todavía se ubicaba cerca de un 9% por debajo de los niveles de noviembre de 2023.
A esto se sumó el aumento de gastos considerados inelásticos, como alquileres, transporte, salud, educación y tarifas de servicios públicos, que continuaron subiendo incluso por encima de la inflación general.
En préstamos personales, la morosidad pasó del 4,3% al 13,8% en un año, mientras que en tarjetas de crédito el salto fue del 1,8% al 11,6%.
Los especialistas advierten además que el sistema financiero comenzó a endurecer las condiciones para otorgar nuevos créditos, lo que limita aún más la capacidad de recuperación del consumo.
Según una encuesta del Banco Central correspondiente al primer trimestre de 2026, los bancos elevaron las exigencias para prestar dinero y detectaron una caída en la demanda de financiamiento por parte de las familias.




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