La guerra en Medio Oriente entró en una nueva fase de máxima tensión con ataques directos entre Irán e Israel, sin señales concretas de desescalada y con un creciente impacto internacional. En este contexto, Teherán intensificó sus ofensivas militares y rechazó públicamente cualquier tipo de negociación con Estados Unidos, pese a los recientes dichos del presidente Donald Trump, quien había hablado de “conversaciones muy buenas y productivas”.
Ataques cruzados y escalada militar

Durante la madrugada del martes, Irán lanzó múltiples misiles contra territorio israelí, uno de los cuales logró impactar en una zona céntrica de Tel Aviv tras superar el sistema de defensa aérea. El proyectil, con una ojiva de unos 100 kilos, provocó daños materiales y dejó al menos cuatro heridos leves.
En paralelo, Israel respondió con una ofensiva de gran escala sobre territorio iraní, con bombardeos a más de 50 objetivos estratégicos, entre ellos centros de comando, depósitos y lanzadores de misiles vinculados a la Guardia Revolucionaria. En Teherán se registraron fuertes explosiones y la activación de sistemas de defensa.
El conflicto también golpeó zonas civiles: en Tabriz, un ataque dejó al menos ocho muertos y 28 heridos, lo que profundiza la preocupación internacional por el impacto humanitario.
Sin diálogo y con tensión diplomática

A pesar de los intentos de Washington por abrir un canal de negociación, Irán fue categórico. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, calificó las versiones de acercamiento como “fake news”, mientras que desde la diplomacia iraní se ironizó sobre la propuesta estadounidense.
En la misma línea, el vocero militar Ali Abdollahi Aliabadi aseguró que “las fuerzas armadas están firmes y este camino continuará hasta la victoria completa”, ratificando una postura de endurecimiento.
Mientras tanto, países como Pakistán, Egipto y naciones del Golfo intentan actuar como mediadores, aunque sin avances concretos hasta el momento.
Expansión regional del conflicto
El enfrentamiento ya trascendió las fronteras directas. Israel mantiene operaciones en el sur del Líbano contra Hezbollah, con el objetivo —según el ministro de Defensa Israel Katz— de avanzar hasta el río Litani.
Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos informó la interceptación de misiles y drones lanzados desde Irán, lo que confirma la expansión del conflicto a otros puntos de la región.
En paralelo, Teherán reorganizó su estructura de seguridad tras la muerte de Ali Larijani en un ataque reciente, y designó a Mohammad Baqer Zolqadr como nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
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Impacto global y presión económica

La escalada bélica también tiene consecuencias directas en la economía mundial. La tensión en el estratégico estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del petróleo global— generó una fuerte suba en los precios del crudo.
El Brent volvió a superar los 100 dólares por barril, mientras que el WTI registró un alza del 4,3%. Desde la Agencia Internacional de Energía advirtieron que se trata de una de las mayores disrupciones energéticas recientes, en un escenario que describen como “extremadamente frágil”.
En este contexto, Estados Unidos desplegó miles de marines en la región, lo que alimenta las especulaciones sobre una posible escalada mayor. Si bien Trump postergó un eventual ataque a infraestructura energética iraní, condicionó esa decisión a la reapertura del estrecho de Ormuz.
En paralelo, su enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner mantienen contactos indirectos con funcionarios iraníes, aunque sin resultados visibles hasta ahora.
UNICEF alerta: más de 2.100 niños afectados por la guerra en Medio Orientehttps://t.co/y5fsCZPulb pic.twitter.com/wQ4RzG9YWQ
— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 24, 2026



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