El papa León XIV presentó oficialmente su mensaje cuaresmal titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, en el que pidió a los fieles un cambio profundo en la forma de comunicarse. La propuesta central fue concreta: incorporar un “ayuno de la lengua” como ejercicio espiritual para frenar la violencia verbal que atraviesa tanto la vida pública como la privada.
En el documento, el Sumo Pontífice sostuvo que la práctica tradicional del ayuno debía ampliarse y convertirse en una actitud ética cotidiana. “Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás”, expresó en el texto oficial.
El mensaje remarcó que la Cuaresma es un tiempo privilegiado para recentrar la vida en Dios y evitar que el corazón se disperse en las distracciones diarias. Sin embargo, subrayó que la conversión no puede limitarse a lo individual, sino que debe reflejarse en la calidad del diálogo social.
León XIV vinculó la escucha de la Palabra con la capacidad de reconocer el sufrimiento y la injusticia. En esa línea, afirmó que “la condición de los pobres representa un grito que interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”, planteando así una dimensión social del compromiso cristiano.
Respecto al ayuno, León XIV, lo definió como un ejercicio ascético indispensable para ordenar los deseos y mantener viva la sed de justicia. No obstante, enfatizó que esta práctica debía trascender lo alimentario y transformarse en una conducta concreta frente al prójimo.
El Papa exhortó a abandonar el juicio inmediato, las calumnias y las expresiones dañinas, especialmente en espacios de alta exposición como las redes sociales. “Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse”, indicó, invitando a cultivar la amabilidad en la familia, el trabajo y la vida digital.
En el cierre del mensaje, León XIV destacó que la conversión tiene una dimensión comunitaria y que el proceso espiritual debe mejorar la calidad de las relaciones. Expresó su deseo de que las comunidades cristianas se conviertan en lugares de acogida y escucha, donde “muchas palabras de odio den paso a palabras de esperanza y paz” en una humanidad necesitada de reconciliación.



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