El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó desde Mar-A-Lago que Nicolás Maduro, el líder venezolano, fue capturado y será trasladado a Nueva York, dando inicio a un control temporal de Venezuela por parte de Estados Unidos para garantizar una transición segura y ordenada. La operación se enmarca en el contexto de lo que Trump describió como el colapso del país sudamericano tras décadas de gobierno de Hugo Chávez y Maduro.
Trump afirmó en conferencia de prensa que la intención es restaurar la estabilidad, la libertad y la democracia en Venezuela, señalando que el país “era un gran país hace 20 años, pero la dictadura lo destruyó”. El mandatario estadounidense difundió previamente en la red social Truth Social la primera imagen de Maduro tras su captura, reforzando la veracidad de la operación.
La ofensiva incluyó la intervención directa de fuerzas estadounidenses en Caracas, asegurando la captura del presidente y su esposa. Según indicó Trump, Venezuela quedará bajo supervisión estadounidense hasta que se establezca un gobierno de transición capaz de devolver el control al pueblo venezolano sin riesgos de violencia o inestabilidad.
El anuncio generó reacciones inmediatas a nivel internacional, con críticas de países como Rusia, Cuba e Irán, que calificaron la medida de invasión y violación de la soberanía venezolana. Mientras tanto, sectores opositores dentro de Venezuela valoran la caída de Maduro, aunque la incertidumbre política persiste.
Con este movimiento, EE. UU. también abre la puerta a la reorganización de sectores estratégicos, incluyendo la industria petrolera, con potenciales inversiones y cooperación para reconstruir la economía del país sudamericano.



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