Las fiestas de Navidad y Año Nuevo suelen estar marcadas por brindis reiterados y una mayor ingesta de alcohol, muchas veces en cantidades superiores a las habituales. Si bien el consumo social está culturalmente arraigado, profesionales de la salud advierten que el alcohol puede generar efectos nocivos en el organismo desde los primeros minutos posteriores a su ingesta y provocar daños acumulativos con el tiempo.
Brindis y salud: qué le pasa al cuerpo cuando se consume alcohol en Navidad
Según explicó la licenciada en Nutrición Evelyn Álvarez, del Hospital Universitario Austral, el alcohol químicamente etanol es una molécula pequeña y soluble que atraviesa fácilmente las membranas celulares, incluso la barrera que protege al cerebro.
“Eso permite que llegue rápido al sistema nervioso central, donde actúa como un depresor”, señaló. Además, al metabolizarse en el hígado se transforma en acetaldehído, una sustancia tóxica y cancerígena.

Efectos inmediatos: del desinhibirse al riesgo de coma etílico
A los pocos minutos de ingerido, el alcohol comienza a alterar la conducta, la coordinación y los reflejos. El médico clínico Ignacio Gutiérrez Magaldi explicó que, en una primera fase, puede aparecer una sensación de euforia, seguida por dificultades en el habla, inestabilidad al caminar, náuseas y vómitos. En casos severos, el consumo excesivo puede derivar en pérdida de conciencia o coma etílico.
En la misma línea, el toxicólogo Francisco Dadic advirtió que el alcohol provoca dilatación de los vasos sanguíneos, lo que puede generar hipotermia, además de disminuir los niveles de glucosa en sangre y favorecer cuadros de hipoglucemia, especialmente en personas vulnerables.

Daños a largo plazo en órganos vitales
Más allá de los efectos inmediatos, el consumo sostenido de alcohol se asocia con múltiples enfermedades. Los especialistas coinciden en que el hígado es uno de los órganos más afectados, ya que allí se metaboliza la mayor parte del etanol. La saturación de las enzimas hepáticas favorece la acumulación de alcohol en sangre y aumenta el riesgo de hepatitis alcohólica, cirrosis e insuficiencia hepática.
Álvarez remarcó que el alcohol incrementa el riesgo de cáncer de boca, esófago, hígado, mama y colon, además de provocar trastornos digestivos, deterioro cognitivo y problemas de salud mental. También afecta la calidad del sueño, altera la microbiota intestinal y dificulta la absorción de nutrientes esenciales como la vitamina B1, el ácido fólico y el magnesio.

En el plano cardiovascular, el consumo crónico puede elevar la presión arterial y favorecer arritmias e insuficiencia cardíaca. A nivel muscular, incluso puede provocar destrucción del tejido, con impacto en la función renal. El sistema inmune tampoco queda exento: el alcohol reduce la capacidad del organismo para enfrentar infecciones.
Por qué no todos reaccionan igual al alcohol
El impacto del alcohol varía según factores individuales como la edad, el sexo, el peso, la proporción de grasa corporal y la genética. Desde el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, la nutricionista Stefania Lazzaro explicó que las mujeres suelen presentar menor actividad de la enzima que metaboliza el alcohol, lo que se traduce en concentraciones más altas en sangre ante la misma cantidad ingerida.
Además, en las personas mayores, la menor cantidad de agua corporal y un metabolismo más lento incrementan el riesgo de efectos adversos. Por eso, lo que para algunos puede parecer un consumo “moderado”, para otros puede resultar riesgoso.

En cuanto al mito de que una copa de vino diaria es beneficiosa, Álvarez fue contundente: “La evidencia actual indica que no existe un nivel seguro de consumo. Cualquier posible beneficio no justifica los riesgos del etanol”.
Recomendaciones para un consumo responsable en las Fiestas
Ante este panorama, los especialistas brindaron pautas para minimizar los daños durante las celebraciones:
Evitar beber con el estómago vacío y acompañar el alcohol con alimentos.
Alternar cada bebida alcohólica con agua para prevenir la deshidratación.
No mezclar alcohol con bebidas energizantes ni con medicamentos.
Espaciar el consumo y limitar la cantidad total ingerida.
No conducir bajo los efectos del alcohol.
Abstenerse por completo durante el embarazo, la adolescencia y al realizar tareas de riesgo.
“Cada copa cuenta. El impacto puede parecer pequeño al principio, pero el riesgo se acumula con el tiempo. El cuerpo siempre se beneficia más de no beber”, concluyó Álvarez.
En un contexto donde el alcohol suele ser protagonista de los encuentros festivos, los expertos coinciden en que adoptar hábitos conscientes y responsables puede marcar la diferencia para disfrutar de las Fiestas sin poner en riesgo la salud.



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