El cierre del Gobierno federal de los Estados Unidos, que ya atraviesa su sexta semana y se ha convertido en el más extenso de la historia, profundiza sus efectos en el día a día de los empleados públicos del sector público. En el centro de Washington, D.C., las filas para recibir almuerzos gratuitos crecieron de manera significativa en los últimos días, reflejando el deterioro económico de miles de familias afectadas por la suspensión de salarios.
“Intentar mantener a tu familia es casi imposible”: testimonios de empleados públicos
Una empleada de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), que prefirió mantener su identidad en reserva, relató que ya dejó de cobrar en dos oportunidades y teme que la situación se repita nuevamente. “El alquiler y las facturas siguen llegando, y la presión aumenta”, comentó tras trasladarse en metro hasta un centro de ayuda recomendado por su hermana.

Apryl, trabajadora del Servicio de Impuestos Internos (IRS) y madre soltera de una hija de 13 años, también acudió por primera vez en busca de un almuerzo gratuito. Los costos crecientes —entre 15 y 30 dólares por comida— la obligaron a buscar alternativas solidarias. “Intentar mantenerte a ti misma y a tu hija es casi imposible”, aseguró, y agregó que la inestabilidad impacta también en la salud emocional de su hija.
La organización World Central Kitchen instaló varios puntos de distribución en la capital desde el 27 de octubre. Para el 5 de noviembre, ya se habían entregado más de 36.000 comidas, un promedio de 4.000 por día. Además, se establecieron centros en aeropuertos y bases de la Fuerza Aérea. El aumento de la demanda obliga a reponer alimentos con mayor rapidez y a articular compras con restaurantes locales, que también registran una caída de ventas de entre 15% y 20%.

El cierre no solo afecta a los empleados federales y al comercio. Programas esenciales como SNAP —que asiste a 42 millones de estadounidenses— enfrentan demoras y recortes. Aunque el gobierno anunció fondos de emergencia para cubrir parte de los beneficios de noviembre, millones de hogares podrían experimentar interrupciones prolongadas en la asistencia alimentaria.

Las repercusiones también alcanzaron el plano político. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, acusó a la administración de “instrumentalizar el hambre”. Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, responsabilizó a los demócratas por el estancamiento. Mientras tanto, para los trabajadores afectados, la cuestión trasciende el debate partidario: “Todos tienen parte de la culpa”, sostuvo la empleada del NIH.
A más de un mes del inicio de la crisis, la resolución aún no se vislumbra. El tiempo, sin embargo, continúa pasando para quienes deben elegir entre pagar el alquiler o alimentar a sus hijos.



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